El café vienés: patrimonio de la UNESCO y tradición viva
En 2011, la UNESCO reconoció la cultura del café vienés como patrimonio cultural inmaterial de Austria. No por el café en sí, sino por lo que representa: un espacio de democracia informal donde cualquiera puede sentarse durante horas con una taza, un periódico y la compañía de las ideas.
Los orígenes: los sacos de los turcos
Cuenta la leyenda que en 1683, tras el asedio otomano a Viena, se encontraron unos sacos de café abandonados por los turcos. Poco después, Georg Franz Kolschitzky abrió el primer café vienés. Lo que está documentado es que el primer café de Viena abrió en 1685 y que hacia 1700 ya había más de treinta.
El café como institución
En los siglos XVIII y XIX, los cafés vieneses se convirtieron en auténticos salones intelectuales. Freud, Trotski, Klimt y Stefan Zweig frecuentaban sus mesas de mármol. No eran solo sitios donde tomar algo: eran oficinas, bibliotecas y clubs sociales donde se mezclaban las clases.
- Café Central: abierto desde 1876, frecuentado por Freud y Trotski.
- Café Sperl: desde 1880, uno de los favoritos de artistas y músicos.
- Café Hawelka: bohemio, abierto hasta la madrugada, con buchteln recién hechos.
El café vienés no es una bebida: es una actitud. Es el derecho a sentarse, pensar y que nadie te moleste.
— Stefan Zweig, El mundo de ayer
El servicio vienés
En un café vienés clásico, el café se sirve en una bandeja de plata, con un vaso de agua, una cucharilla y, a veces, un bombón. El camarero (el Herr Ober) tiene un trato formal, pero nunca frío. Se da por hecho que vas a quedarte horas. Pedir la cuenta es decisión tuya, nunca del camarero.
Visitarlos hoy
Los grandes cafés históricos siguen abiertos, sirviendo Melange, Einspänner y café turco junto a la Sachertorte y el strudel. Son turísticos, sí, pero la cultura sigue siendo de verdad. El truco está en ir entre semana por la mañana, cuando los clientes de toda la vida todavía superan en número a los turistas.